De los Delitos de Injuria y Calumnia

A propósito de nuestros escritos anteriores sobre informática han surgido algunas preguntas sobre la posibilidad de cometer a través de medios informáticos, los delitos que hoy son materia de nuestro escrito.

Antes de comenzar a hablar sobre el tema, es preciso decir, que el derecho no es lineal, y que nuestro derecho penal es un derecho de intención, lo que debe tenerse en  cuenta  para el análisis de estas conductas dentro de una dimensión penal, sobre autoría y responsabilidad inicialmente.

Los delitos de Injuria y Calumnia se encuentran definidos por la ley, de manera precisa por sus elementos constitutivos, sin dejar al arbitrio, ni siquiera del juzgador lo que debe entenderse por dichas conductas.

  • De la conducta constitutiva de la injuria

El art. 220 de nuestro Código Penal (Ley 599 de 2000) funda la conducta injuriosa, en las imputaciones que deshonran a otra persona, salvo las vías de hecho previstas en el art. 226 ibidem.

Se dice que la deshonra consiste en el agravio a la estimación que posee la persona supuestamente ofendida dentro del grupo  o sociedad del que forma parte. De otro lado,  la honra y el honor, atributos que con los de la libertad y  la intimidad son parte de la dignidad o de la integridad moral, se desacreditan cuando no solo se vierten imputaciones que menoscaban la reputación y el buen nombre de la persona, sino que la conducta se desarrolle con el propósito de lograr esa trascendencia.

En este orden de ideas, tenemos que nuestro Código Penal dentro del correspondiente Título sobre DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD MORAL, el art. 220 ya mencionado impera:

Injuria. El que haga a otra persona imputaciones  deshonrosas incurrirá en prisión de…….” Vemos que el verbo rector está referido al vocablo hacer imputaciones, y por ello lo incriminado consiste en realizar dicha conducta, imputaciones deshonrosas a otro.

Imputar (del lat. Imputare), que entre sus significados está el de atribuir o adjudicar a otro una culpa delito o acción determinada o la responsabilidad de un hecho reprobable.

Estos verbos, atribuir, adjudicar significan la acción de aplicar a alguno una cosa, dándole por autor de ella. Por ello los tratadistas del derecho penal  sostienen que el atribuir tiene relación con el que se cree autor del hecho, de la obra, con el que creemos ser su causa principal.

Jurisprudencial y doctrinariamente se ha venido argumentando que en la  frase inicial de “el que haga a otra persona”  el verbo en infinitivo “hacer” nos transmite el convencimiento de que, quien hace, crea, es un hacedor, es un inventor, de cualquier cosa, siendo unánimes los tratadistas en afirmar, que “hacer imputaciones es lanzarlas, responsabilizarse de ellas, y para este efecto, el agente debe tener la intención imputadora y ser autor de la imputación misma”

Y en ese mismo orden de ideas, la conducta de “hacer” como la de atacar conlleva necesariamente la de pronunciamiento o alteración ejecutada voluntariamente. Se precisa la actividad práctica exigida por el verbo rector, una acción determinante de un ánimo de desarrollarse por completo, que permita establecer, cómo se ha movido la voluntad.

  • De la conducta constitutiva de la calumnia

Consagrada en el art. 221 de nuestro Código Penal, la calumnia guarda alguna similitud con el delito de injuria, plasmado éste, en una imputación deshonrosa, que puede ser falsa o verdadera. En cambio la calumnia responde necesariamente a la imputación falsa de una conducta típica.

Nuestro Código Penal (Ley 599 de 2000) la consagra así:

Artículo 221. Calumnia. El que impute falsamente a otro una conducta típica, incurrirá en prisión …..”

También en esto,  jurisprudencia y doctrina han venido sosteniendo que el ataque se traduce a través del verbo rector imputar, falsamente una conducta típica.

Ya vimos cuando analizamos la injuria el sentido de la palabra imputar, pero en relación con esta conducta la imputación debe ser falsa, respecto a una conducta descrita en la ley penal como delito o contravención. Y falso es todo aquello que no corresponde a la realidad.

Y es de la esencia de la calumnia que la conducta imputada o atribuida, debe ser perfectamente determinada, lo cual significa que el delito de calumnia no se tipifica cuando se llama a alguien ladrón, o terrorista, cohechador, sino acusándolo concretamente de un hurto, de terrorismo, de cohecho, etc. Y que además, la imputación ha de ser concreta, ser precisa como autor, coautor, cómplice, determinador, y aunque no se identifique con estos términos exactos, insisten los tratadistas, en que se debe señalar siempre a la persona supuestamente culpable, la clase de conducta atribuida y el grado de realización  de la misma.

No obstante la tensión entre los derechos constitucionales al buen nombre y la honra por un lado y a la libertad de expresión por otro, dentro de la cual de la cual la jurisprudencia constitucional ha otorgado a la libertad de expresión una prevalencia, en atención a su importancia para la vida democrática y para el libre intercambio de ideas,  no vamos a referirnos a este tema, porque nuestra defensa no va a basarse  en este tema, importante a no dudarlo, sino en los que inicialmente expresáramos de que nuestro defendido no  cometió los delitos aquí imputados.

Lo anterior porque, como de manera reiterada la Corte Suprema de Justicia ha expresado,  que para que se estructure el delito de injuria se requiere el animus injuriandi o sea la conciencia del carácter injurioso de la acción, criterio retomado por nuestra Corte Constitucional. Y en lo que respecta al delito de calumnia, también la Corte Suprema de Justicia, de manera reiterada, ha dicho que  “… para que el tipo penal que define la calumnia tenga realización es imprescindible que en la expresión tildada como tal, con ánimo de ocasionarle daño, se impute falsamente a una persona su autoría o participación en una conducta sancionada penalmente.”

Es así como el tipo, conjunto de los elementos del hecho punible hoy conducta punible, descritos en una ley penal o la imagen reguladora a la cual tiene que ajustarse el hecho o conducta,  para constituir delito, es de la esencia del derecho de castigar. Sin ella el moderno derecho penal no podría existir. Si la conducta del hombre que delinque,  se adecúa o no a uno de esos tipos, es la primera labor que debe emprender el instructor, ya que si no corresponde a ese determinado tipo penal, toda tarea resulta inútil. Por lo que es preciso concluir que existe delito cuando el sujeto activo reproduce la descripción de la norma. Es el momento dinámico de la Tipicidad, el cual no se ha dado en el caso que nos ocupa.

A lo anterior se agrega que nuestro Código es de tendencia subjetivista, que no formalista, por lo que no basta que el agente objetivamente hubiera podido incurrir en este tipo de delitos, sino que haya procedido intencionalmente y con conocimiento del delito  en que incurre.

Carlos Martinez Perea

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